jueves, 11 de junio de 1970

DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL SR. FOUAD BOUTROS,
VICEPRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS DE LÍBANO*
Martes 11 de junio de 1968

Señor Ministro:
Nos complace sumamente haber podido responder afirmativamente a vuestro pedido de audiencia y recibiros esta mañana en Nuestra casa. Lo hacemos con mucho agrado, dado que tenemos por su noble patria sentimientos de profunda estima y conservamos muy vivo en el espíritu la acogida inolvidable que el pueblo libanés nos reservó durante Nuestra etapa en Beirut, con motivo de Nuestro viaje a Bombay.

Vuestra Excelencia sabe también que la Santa Sede ha destacado siempre el papel especial que su país ha tenido y continúa teniendo en el Cercano Oriente, gracias al feliz ejemplo que ofrece de la coexistencia pacífica y de la colaboración fraternal en un mismo territorio de dos comunidades religiosas diferentes, la cristiana y la musulmana, y mira con simpatía su legítima preocupación por el respeto de su independencia nacional y de su integridad territorial.

No ignoramos que los acontecimientos del mes de junio del año pasado han creado en esa parte del mundo una situación llena de tensiones y de desequilibrios, que está todavía lejos de haberse tranquilizado.

La Santa Sede, por su parte, desea que pronto se restablezcan las condiciones de paz que pondrán fin al estado de inseguridad que sigue reinando en el Cercano Oriente y que mantiene a una gran parte de las poblaciones de esa región en una situación humana y material precaria.

Estimamos también que las medidas aprobadas en el último otoño por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas constituyen un paso positivo en el camino hacia una solución de los problemas graves y urgentes que están todavía pendientes. Nos place pensar que la misión del enviado especial del Secretariado general de la ONU. encuentra y encontrará en todos los responsables llamados a colaborar para aplicar tales medidas, en especial de parte de los gobernantes libaneses, el apoyo y la comprensión que esta misión requiere.

Aprovechamos de buen grado esta ocasión para renovar al querido pueblo libanés y a sus autoridades, especialmente al Señor Presidente de la República, la expresión de Nuestra cordial simpatía y para invocar sobre ellos, así como sobre la persona de Vuestra Excelencia y sobre quienes le son queridos, la abundancia de las bendiciones divinas.



*ORe (Buenos Aires), año XVIII, n°805, p.4.

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